La caja azul / El bastón azul

Varias generaciones, un mismo objeto que reinventar

La caja azul/ El bastón azul. Autora: Iwona Chmielewska. (Océano, 2009). 56 páginas. A partir de seis años. .

Hay libros que llaman a la imaginación desde el mismo momento en que tus manos los sostienen. Y es el caso de esta historia cuyas dos versiones (una desde la cubierta y otra al revés, desde la contracubierta) confluyen en el centro físico del libro como dos universos paralelos que de repente y de manera mágica se tocan.

La genial autora polaca Iwona Chmielewska convierte dos objetos aparentemente simples en el legado más valioso de toda una saga familiar. Por un lado, la pequeña Clara cumple nueve años y como regalo recibe un bastón azul que antes perteneció a su madre, antes a su abuela y antes a su bisabuela… etc. En la versión masculina del libro, si le damos la vuelta, es Eric quien recibe una extraña caja azul por la que han pasado las manos y las vidas de todos sus antepasados varones.

A través del cuaderno testimonial que acompaña a cada obsequio, los protagonistas descubrirán de primera mano qué uso le dieron en su momento al juguete que hoy tienen en sus manos, cada uno de sus parientes, generación tras generación, antes de que sean ellos mismos quienes continúen el legado creando un nuevo uso personal para su nuevo y versátil objeto. Este viaje al pasado les permitirá, además, profundizar en los rostros distantes que lucen en viejos retratos de casa para conocer cómo eran quienes una vez fueron niños como ellos.

El texto del cuento es similar en las dos versiones salvo por los relatos particulares que dan fe de quién y cómo jugó antes con ese bastón o esa caja. Finalmente -que no al final- nos encontramos con una hoja semitransparente justo en medio del libro, donde Eric, Clara y sus respectivos objetos coinciden, como los dos lados de un espejo, haciéndonos ver que la historia converge y si acaso continúa, pero que obviamente no acaba aquí.

Ni siquiera la originalidad de esta historia y el propio formato del libro es, para mí lo mejor: la cantidad de valores y mensajes implícitos en su planteamiento me parece maravilloso. La historia de Chmielewska nos dice que el valor de las cosas no está tanto en su naturaleza, sino en lo que hacemos con ellas, que el poder de la imaginación puede transformar algo obvio en algo excepcional y, en tiempos de mayor conciencia ecológica, destaca el valor de reutilizar. Pero sobre todo, la autora nos habla de la importancia de los recuerdos, de asomarnos al pasado, saber de dónde venimos. Porque solo si se transmite nuestra historia, la mantenemos viva.

Por si fuera poco, las ilustraciones, plagadas de texturas y movimiento, vulneran su propia dimensión con elementos en caprichosas perspectivas, que lo mismo se salen de cuadro, atraviesan la ilustración o interactúan con objetos que de repente cobran vida. Y en medio de todo el vibrante azul eléctrico del bastón y la caja, como elementos discordantes que parecen nuevos y diferentes cuando en realidad son viejos.

Al finalizar la lectura, apetece casi de manera compulsiva hacerse con una cosa, la que sea, sólo para iniciar esta bonita tradición, salvo que ya la hayas iniciado. Porque es inevitable que tus hijos te pregunten después de leer el libro, qué objeto familiar tienen ellos que sea de sus tatarabuelos y que vaya a pasar también a sus futuros hijos…

De una u otra forma, la invitación al juego está servida. ¿Qué harías tú con un bastón? ¿Para qué usarías tú la caja? ¿Qué objeto te gustaría que dejáramos a nuestros descendientes?

Qué más se le puede pedir a un solo libro…

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