En el recĂłndito pasillo de uno de los hospitales de la gran ciudad, se alza la entrada que conduce al Palacio de las Horas… Es una verja violeta, inesperada en medio de la concurrida colmena de cemento gris que la acoge. Pero aĂşn más inverosĂmil es su interior: tras un pasillo que desemboca a sendos …